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Blog: París...un recorrido no turístico de ensueño

¡París es siempre una buena idea!

 

Pocas veces pensamos en visitar Europa y no pasar unos días por la ciudad de la luz.

 

Si piensa visitarla por primera vez, es recomendable, por supuesto, que conozca todo lo que ella tiene que ofrecer al turista y al viajero: todos los monumentos, parques y museos tan famosos como la ciudad misma.

 

En una primera visita a París, no deje de subir a la torre Eiffel para admirar la ciudad desde 300 metros de altura, o de recorrer los pasillos del famoso museo del Louvre; haga una visita a la Catedral de Nuestra Señora de París y déjese admirar por sus vitrales y sus gárgolas. Ninguna visita a París estaría completa sin un recorrido por las orillas del Sena, una visita a la majestuosa ópera Garnier, o un descanso en los jardines de Luxemburgo.

 

Como París es visitada por más de 15 millones de personas al año, les recomendamos hacer reservaciones por internet para entrar a las principales atracciones, y así evitarse largas filas.

 

Si ya ha visitado esta espectacular ciudad, pero sigue sintiendo el deseo de volver una y otra vez, aquí les sugerimos un recorrido que los llevará a lugares menos frecuentados por los turistas y que les permitirá conocer esquinas más escondidas y pintorescas.

 

Como la mayoría de las ciudades europeas, París se conoce mejor a pie; a pesar de que el metro y el transporte público funcionan muy bien y son económicamente asequibles, es mejor empacar unos buenos zapatos para recorrer sus calles.

 

El recorrido inicia en la Place Saint-Michel, en el Barrio Latino, uno de los más viejos pero más pintorescos de París, una zona animada que debe su nombre a la época medieval, cuando los estudiantes se comunicaban entre ellos en latín. Todo el recorrido les puede tomar de una hora treinta a dos horas.

 

La Plaza es un punto de encuentro muy concurrido entre parisinos y turistas, y ofrece unas vistas preciosas a la Catedral de Notre-Dame, al Palacio de Justicia y al Louvre.

 

Al este de la plaza, tomen una pequeña calle cuya entrada está un poco escondida: rue de l´Hirondelle, y entran a través de ella a una de las partes más antiguas de la ciudad, cuyos edificios datan del siglo 12. Siguiendo por las pequeñas calles: rue Gît-le- Cœur, rue Saint-André des Arts, rue Séguier, rue de Savoie, rue des Grands Augustins, rue du Pont de Lodi, rue Dauphine y rue de Nesle; al final de esta calle, tomen la vieja rue de Nevers y desembocan en la orilla izquierda del Sena. El recorrido parece difícil, pero es realmente sencillo, pues estas calles son muy cortas y se recorren rápidamente!

 

Sigan por la orilla del río en el sentido de los carros, y se van a encontrar con el Hotel de las Monedas, donde se fabricaban medallas y monedas hasta 1971, y hoy es un museo.

 

Siguiendo por la misma orilla, se obtiene una vista preciosa del Museo del Louvre; luego se encontarán con el majestuoso Instituto de Francia, en donde se encuentra la famosa Academia Francesa.

 

Siguiendo unos metros más, giren a la izquierda sobre la rue Bonaparte; a la derecha verán un gran edificio: la Escuela Nacional de Bellas Artes, compuesta por más de dos hectáreas de edificios y jardines decorados con estatuas, y que está abierta al público.

 

Siguiendo por la rue Bonaparte, descubrirán la vieja Iglesia de Saint-Germain-des- Près, que le da el nombre al barrio. Hoy no conserva la majestuosidad de antaño, pues una parte fue destruída durante la

revolución.

 

Continúen por la rue Bonaparte hasta cruzar el Boulevard Saint-Germain, tomen la rue du Four, e inmediatamente a la derecha, la rue des Canettes. Esta calle es famosa entre los estudiantes parisinos pues está llena de bares y cafeterías: es un sitio de reunión para jóvenes desde hace cuatro siglos!

 

Si siguen por la rue des Canettes, llegarán a la Iglesia de Saint-Sulpice; construída en 1643, sus torres son más altas que las de Notre-Dame; fue dejada de lado por los turistas por muchos años, pero recuperó su fama después de la obra “El Código Da Vinci”.

 

Sigan por la rue de Saint-Sulpice, hasta la rue Garancière, caminen sobre esta hasta el final de la misma, y se encontrarán con el Palacio de Luxemburgo, que hoy en día es el sitio de reunión del Senado; se puede visitar una vez al mes, pero sus espectaculares jardines están abiertos todos los días. Deténgase aquí para un merecido descanso, disfrutando del “savoir faire”: tomarse un café, una copa de vino, leer un rato, o simplemente contemplar el lago, al mejor estilo francés.

 

Caminen frente a la fachada del palacio, y tomen la rue Vaugirard, que es la más larga de París. Giren a la izquierda en la rue Rotrou al final de la cual se encontarrán con el Teatro de l Odéon, inaugurado en 1782.

 

Siguiendo luego por la rue Racine y la rue de l`Ecole de Médecine, se llega hasta la intersección del Odéon, con su estatua de Danton; este es un famoso sitio de reunión, con múltiples cines cercanos.

 

Al otro lado del Boulevard Saint-Germain, van a ver una pequeña brecha entre los edificios: es el pasaje de Saint-André, una calle de comercios y cafés, en donde recomendamos visitar el café Procope, el más Viejo de París, fundado en 1686 y famoso por haber sido sitio de reunión de comediantes, escritores, intelectuales y revolucionarios.

 

A mitad de camino de este pasaje, se encuentra una entrada que parece inaccessible, y que da paso al pasaje de Rohan, uno de los ambientes mediavales mejor conservados de París.

 

Salen de este pasaje por la rue Jardinet, rue Serpente y la rue Hautefeuille, una de las más antiguas de París. En el N 5 de esta calle, se encuentra una torre, que es un remanente del Hôtel des Abbées, construído en 1292. Si siguen caminando por la rue Hautefeuille, llegan a su punto de partida, en la Place Saint-Michel.

 

Después de terminar este precioso recorrido, se merecen un descanso y una buena cena en alguno de los numerosos restaurantes con terraza situados en las calles estrechas y pintorescas del Barrio Latino.

 

Les recomendamos un restaurante acogedor que se llama Le Chalet Saint-Michel, sobre la rue de la Harpe: probamos los famosos escargots, no podía falta la sopa de cebolla, y una deliciosa fondue de tres quesos. Todo acompañado de un vino rosée Côtes de Provence, que resultó delicioso y perfecto para acompañar nuestra cena.

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